Los estudios de opinión continúan situando a la Justicia entre las instituciones peor valoradas por los ciudadanos, porque aunque les pese a algunos, la realidad es tozuda. De nuevo, escándalos judiciales ocupan las primeras páginas. “El sistema judicial hace aguas por todas partes”, advierte Miguel Carmona. En efecto, la crisis perenne de nuestra Justicia ha tocado fondo. Sus causas vienen de lejos, son estructurales, y por ello, exigen soluciones radicales, reformas profundas y con urgencia, mayor urgencia que nunca dada la coyuntura económica. No valen segundas partes o más de lo mismo de programáticos “pactos de Estado”. Tampoco, al socaire de una tradición secular, fórmulas milagrosas de cambiarlo todo para que nada cambie, marear la perdiz con cuestiones periféricas, o si se tercia, cargarse al mensajero, represaliando, incluso criminalizando la disidencia. Huelga decir que tales reformas sólo podrán llevarse a cabo de la mano de gente nueva, íntegra, comprometida con la democracia, el Estado de Derecho y los derechos humanos.

 

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