Hace algunos años, premonitoriamente en Librería Europa, llegó a mis manos “Jaque a la Justicia” de Adolfo de Miguel, emérito magistrado que situando la independencia judicial ante todo, anticipaba las claves de lo que nos venía encima. Ahora, el historiador Pedro Varela, propietario del establecimiento, se encuentra en prisión convicto y confeso por el crimen horribilis de vender libros, léase disidencia del pensamiento dominante.
El caso Varela (1) pone a plano lacras irresueltas de nuestro sistema de Justicia. Criminalización y acoso judicial como instrumentos de persecución política. Quiebra de la independencia judicial por intervención de magistrados politizados, o de jueces sustitutos, cuya falta de inamovilidad estatutaria les niega carácter jurisdiccional, pues no en vano recuerda Beccaria, “el príncipe que sustituye jueces ordinarios anuncia designios de satisfacer venganzas”. Y con aquellas premisas estos barros. Arbitraria entrada-registro, secuestro y quema de libros históricos a voluntad de la Fiscalía, desconocimiento de elementales garantías penitenciarias juez mediando, reeducación ideológica del reo, una forma de trato degradante dada por extinguida. Pero lo que más daña es el silencio cómplice de la gente buena.
Asistimos inermes a la voladura controlada del Estado de Derecho, inside job perpetrado por los guardianes de la ortodoxia con el afán abyecto de finiquitar las libertades. Ya advertía De Miguel, “no habrá auténtico Estado de Derecho allí donde los Tribunales no puedan, sin el menor inconveniente ni obstáculo, dar la razón a un adversario del Poder constituido y aunque a éste no le agrade” (2). Nunca mejor dicho, “el poder que tiene una persona que con una firma en un papel puede disponer de la libertad, de la hacienda y de cierta honra social [añado, incluso la vida] es tremendo … de nada nos valen leyes muy perfectas, si en el momento de aplicar el Derecho, la razón de gobernante preñada de criterios espurios margina la ley”, constata Mario Conde. “No sólo necesitamos un esquema de nombramiento que nos garantice la independencia de los jueces, … necesitamos un estatuto duro y claro para quienes encargados de administrar justicia ponen el derecho a un lado” (3). Sin olvidar tampoco la Comisión Internacional de Encuesta. Llamada a proclamar la verdad y depurar responsabilidades, sabrá hacer la justicia que Varela y muchos exigen.
1. Blog “Libertad Pedro Varela”, http://www.libertadpedrovarela.org
2. “Jaque a la Justicia”, Adolfo de Miguel, Ed. Planeta, 1980.
3. Ponencia “Poder Político y Sociedad Civil”, 1er. Congreso de la Sociedad Civil, Madrid, 2011.
6 febrero 2012 at 23:35
Creo (y espero no equivocarme) en la honestidad de aquellas personas que decidieron ser jueces por convicción propia, no por imposición, de acuerdo a su manera de pensar y actuar. Digo esto porque hace tres años confíe mi vida (me diagnosticaron un tumor) en quien dedicó su vida a salvar la de los demás por vocación, no por interés. Gracias a estos profesionales puedo expresar mi opinión. Les debo la vida. Del mismo modo se que hay gente que estudió y estudia la carrera de derecho porque no cree en la maleable justicia de los hombres. La justicia no es ciega. Su ceguera es fruto del ansía de poder. Lo justo es siempre correcto. El problema de la justicia reside en la política, y el problema de la política reside en los hombres. La justicia no existirá como tal mientras quien la imponga sea un animal político, fruto de pensamientos ajenos y no de sentimientos propios.